Dune – Frank Herbert

Dune

Título original: Dune

© 1965, por Frank Herbert

Dune, el planeta de la especia. Arrakis, donde la CHOAM explota la melange como una fuente inagotable de beneficios. Dune, un planeta entregado al desierto y a sus enigmáticos gusanos y que se mantiene estéril, a pesar de que la transformación es posible, por oscuros intereses. Arrakis, el planeta de los fremen, que esperan su mesías, la realización de su profecía para renovar el universo y la especie. Dune, el objetivo de todas las Casa Nobles por su repercusión económica y política. Las Bene Gesserit y su programa genético para controlar a la humanidad, al tiempo que juegan a la política. Un emperador que basa su poder en las invencibles legiones de guerreros Sardaukar, y un capitolio (landsraad) de casas nobles que deben contrapesarlo y que pelean entre ellas. Y la Cofradía, con sus navegantes, capaces de plegar el espacio y conducir las naves por trayectorias seguras, monopolizadora del transporte y, por ende, del comercio y de la guerra.

Con todo este análisis religioso, político, genético, ecológico y sociológico, Herbert construye un universo plagado de misticismo en el que podemos vernos perfectamente reflejados. A través del Kwisatz Haderach, el ser humano perfecto, se nos revela un plan superior, no precisamente divino; una necesidad atávica, intrínseca al ser humano: la necesidad de la especie de sobrevivir por encima de todo, la imperiosa imposición de la mezcla genética, de la necesidad vital más allá de cualquier poder, de cualquier maniobra, de cualquier historia, de cualquier religión, de cualquiersistema político.

Dune es uno de los libros que más a gusto abro de forma arbitraria, que me incita a pensar tras cada lectura, a analizar la realidad desde muchos puntos de vista y con ojos externos, más allá de lo que aparenta, a “observar los planes en los planes de los planes.” Merece la pena. Leedlo antes de ver, primero, la miniserie de dos episodios y, después, la película de David Lynch. Sumergios en la historia de Paul Atreides y aprended a vivir con él en un mundo de traiciones, odios, religiones, habilidades cuasi mágicas, ecología, creencias, ingeniería social y, sobre todo, predeterminación genética.

“Bendito sea el hacedor y su agua, bendita su llegada y su partida, ojala su paso purifique el mundo”.

Solo puedo deciros una cosa: si yo hubiese escrito esto, podría morirme tranquilo.

2 comentarios en “Dune – Frank Herbert

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