Entrevista

       La voz del conocido locutor se torna seria cuando enfrenta, tras el anuncio de sus compañeros de deportes de no sé qué lío del Barcelona, el tema social que siempre aborda en su tercera hora del matinal.

       —Hoy, cuatro de febrero, celebramos el Día Mundial del Cáncer, instaurado a finales del siglo XX con el objetivo de concienciar y movilizar a la sociedad en la lucha contra esta enfermedad. Desde ese año 2000, hemos ganado mucho terreno en los diferentes frentes que la medicina mantiene abiertos contra uno de los monstruos cuyo diagnóstico, por fortuna, resulta cada vez un poquito menos dramático. Hay motivos para la esperanza. Les ofrezco solo un dato: la tasa de supervivencia en el cáncer infantil —nunca se utiliza el término curación— ha aumentado 25 puntos en 20 años. Hoy, el 80 por ciento de los niños diagnosticados, entre 1000 y 1300 anualmente, lo supera.

       »Es evidente que la investigación ha sido determinante. Encontramos las claves para estos logros tanto en el desarrollo de terapias y tratamientos, como en el diseño de técnicas de diagnóstico precoz. Con todo, no es menos cierto que el avance social, la normalización de la dolencia, la pérdida del miedo incluso a citar el término, también han sido determinantes. Porque al cáncer se le vence también con coraje. Y muchos pacientes anónimos han alimentado la imprescindible actitud, cierto; pero un puñado de locos han dado la necesaria visibilidad para certificar que se puede salir adelante.

»Está en el estudio la deportista paralímpica Andrea Rivas. Gracias por acompañarnos.

       —Buenos días. Soy yo quien debe agradeceros la oportunidad de seguir animando a todos aquellos que pelean contra el cáncer.

       —La tuya es una historia poco común. Hoy, quizá, todo sería distinto. Sin embargo, cuando te fue diagnosticada la enfermedad, la decisión que tomaron los doctores fue la amputación. ¿Cómo cambió, más allá de lo obvio, tu vida?

       —Bueno. Aparte de variar mi perspectiva del mundo, desde la silla veo el mundo de abajo a arriba —bromea—, tuve que dejar de hacer casi todo lo que para mí era habitual. Imagínate que por aquel entonces, en el 2001, a mis 17 años, soñaba con estudiar INEF. Aunque, en secreto, mi vocación era ser bombero.

       —O sea. ¡Toda tu vida por la borda!

       —Al principio sí, claro. Cuando me dijeron que tenían que cortarme ambas piernas, me derrumbé. No fue fácil. Durante meses me negué a aceptarlo. ¡Quería morirme! Pero poco a poco, entre el apoyo de mi familia y, sobre todo, del equipo de la Asociación Española Contra el Cáncer que se ocupó de enseñarme a vivir de nuevo, el negro absoluto con que imaginaba mi futuro comenzó a no serlo tanto. Uno de los psicólogos me animó y descubrí el deporte paralímpico. Y en él encontré mi tabla de salvación: un desafío vital, un motivo para seguir adelante, para vivir.

       —Aunque a muchos de ustedes no les suene su nombre, Andrea Rivas ha saltado a la fama tras conseguir el oro en paratriatlón, modalidad que se ha incorporado en los juegos de Río 2016 el pasado verano. ¿Qué ha significado para ti esa medalla?

       —Pues… La verdad es que aún casi no me lo creo. El día a día no ha cambiado mucho, no me piden autógrafos ni nada de eso. Pero bueno… Sí que los medios comenzaron a hacerse eco de mi historia, a contar de dónde venía y cómo había llegado hasta ese podio. Y fue ese ruido el que me decidió a devolver algo de lo mucho que se me había regalado. Retomé el contacto con la asociación y les ofrecí este “momento de gloria”, que no quería que fuese solo mío. Así nos embarcamos en esta campaña para sensibilizar a la sociedad de que hay salida tras superar un cáncer, una vida que puede ser igual de plena.

       —Pero detrás de eso hay años de esfuerzo y lucha contra los límites,… y contra las limitaciones. De hecho, la victoria en Río no es la primera vez que apareces en los periódicos

       —Es verdad, sí. ¡Cuando lo recuerdo aún me parece increíble! Mi primera foto en prensa fue en 2008, cuando formé parte de una expedición al Capitán, en California.

       —Para que se hagan una idea, hablamos de una pared vertical de más de dos mil trescientos metros en el Parque Yosemite. Hasta allí se fue Andrea para practicar su deporte favorito: la escalada.

       —Sí, bueno. Pero no llegué a hacer cumbre. ¡Aún estaba empezando!

       —Aunque eso es algo que, según tengo entendido, te estás planteando solucionar en un futuro no muy lejano…

       —Bueno, bueno—ríe—. Paso a paso. ¡Ya veremos! De momento, estoy volcada con la campaña de la Asociación Española Contra el Cáncer para dar testimonio de que hay mucha vida por vivir y que el cáncer, aunque muy duro, no es más que un escollo que salvar.

       —¿Y el futuro deportivo?

       —Dedicando cada minuto libre a preparar el próximo campeonato anual, claro.

       —Pues te deseamos muchísimo éxito en todos tus proyectos, tanto los deportivos como en esta nueva etapa como embajadora de la esperanza, como ejemplo de superación. Pero no querría despedirte sin que me despejases una última duda.

       —Tú dirás.

       —¿Cuál es el reto más duro al que has hecho frente, que ascenso te ha resultado más complicado?

       Si hay un demonio en la radio, algo de lo que todo profesional de ese medio huye, ese es el silencio. Durante unos segundos el mundo se para. El locutor hace mención de intervenir, pero un suspiro de Andrea acaba con el drama.

 

       —No sabría decirte, José Ramón —duda—. Quizá… Sí, hoy mismo… para acudir al estudio. La emisora está en un segundo piso… ¡y no funcionaba el ascensor! El problema, créeme, no es coronar un monte, nadar setecientos cincuenta metros, correr cinco kilómetros o hacer veinte en la bici. Eso lo controlo, depende de mí. El problema, lo duro, es vivir todos los días en un mundo que cree que tienes piernas.

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4 comentarios en “Entrevista

  1. No, no tal cual. Es un personaje: tiene un poco de muchas noticias y traté de que fuese un ejemplo neutro para no conducir a nadie en concreto, aunque seguro que hay referencias. De ahí lo minoritario del deporte que elegí.
    Muchas gracias por tu análisis; me alegra haber acertado con la técnica, porque esa “ducha fría” era lo que buscaba, remover conciencias en lo que importa, en lo cotidiano.

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  2. katelynnon

    El final es como un cubo de hielo directamente sobre tu cabeza. No lo esperaba, y menos con la esperanza que transmite el resto del relato. Precisamente eso es lo que lo hace más efectivo. Por cierto, ¿la chica existe realmente?

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  3. @JaniJoplin

    Magnífico! Pude comprobarlo durante un mes que me moví en silla de ruedas. Es una vergüenza lo difícil que tienen estas personas poder moverse con independencia en este país

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