Balón

    Habíamos quedado en casa de Inal para preparar el trabajo de clase. La verdad es que al principio aquello parecía una jaula de grillos. Vamos, como casi siempre. Nuestra compañera Egrid gritaba más que todos juntos, sobre todo cuando se trataba de llevarle la contraria a Julio. Casandra y yo nos miramos y en seguida nos pusimos de acuerdo. ¡Ya teníamos costumbre! Les dejamos seguir mientras acabábamos la merienda y, en el viaje a la cocina para recoger los platos y traer unos refrescos preparamos por encima cómo íbamos a llevar aquel grupo adelante.

    Regresamos con los zumos y nos pusimos a trabajar ambos, papel y lápiz en mano. Poco a poco los demás se fijaron en nosotros y se unieron. La primera fue Inal.

    -¿Qué habéis pensado hasta ahora Cas? -así llamábamos a Casandra y a ella no le importaba.

    -Bueno, como es el mundial de fútbol en Sudáfrica, creo que podemos recoger información sobre ese país y presentarla en clase. -Fui yo quien contestó, en previsión de la algarabía que sabíamos se iba a formar.

    -¡Ya están los chicos con sus cosas! -dijo Egrid. -No sé porqué sólo os preocupan los deportes. Podríamos hablar de las reservas de elefantes en Tanzania o de los diamantes de sangre. El otro día vimos una película que iba sobre eso. Es muy triste.

    -Claro -saltó en seguida Julio-, porque a ti te van los bichos. Podríamos hacer el trabajo sobre el Sahara. Mi abuelo cuenta muchas cosas de cuando su padre estuvo allí con no sé qué de una “Marcha Verde” y Marruecos. Y luego lo de la señora esa en huelga de hambre. No sé, podría ser interesante saber qué pasó.

    -Ya. Fútbol o peleas. ¿Es que no podéis pensar en otra cosa? -contestó enfadada Egrid.

    Casandra habló bajito, dirigiéndose más a Inal y a mí y siguiendo el truco que siempre nos funcionaba con aquellos dos peleones.

    -¿Y si en vez de mirar en los libros lo que ocurre se lo preguntamos a los niños de allí? ¿Y si les pedimos que nos cuenten cómo viven de verdad, cómo son sus escuelas o en qué trabajan sus padres? ¿A qué juegan o donde van los días de fiesta?

    -Eso mola -dije yo. -Pero ¿no será muy difícil?

    -Estaría bien -apoyó Inal. -Pero, es verdad. Nosotros no vamos a poder hacer eso.

    -Ya, claro. Ahorramos de las propinas y nos vamos a hacer de reporteros por África. ¿No te joroba?

    -Tú siempre tan positiva, Egrid -le respondió Julio. -No sé, podemos hacerlo por correo electrónico.

    -Como que en África todos tienen ordenadores. No ves que son pobres. Porque si vamos a saber de la vida de los niños allí, yo quiero que sean niños de pueblos, de los que viven en la selva y eso.

    -Pues lo hacemos por carta. Podríamos hablar con el cura, que seguro que hay algún misionero por allí.

    -Una tía mía es voluntaria en una O.N.G. que trabaja en África -apunté. -Igual nos puede decir cómo hacerlo.

    Casandra no dejaba de tomar notas mientras los demás hablábamos. Una de las veces me guiñó el ojo: Egrid y Julio, aunque fuera por llevarse la contraria entre ellos, estaban colaborando. La sonrisa de Inal nos hizo ver que había descubierto nuestro plan y que estaba de acuerdo.

    -De acuerdo entonces -intervino Casandra en un repentino silencio. -Julio se encarga de hablar con el cura y Jaime le pregunta a su tía por lo de la O.N.G. esa. Egrid y yo prepararemos una serie de preguntas que hacerles para que nos cuenten lo que queremos saber. Inal y Alfonso, que os manejáis bien en Internet, mirad a ver qué países pueden resultarnos interesantes y nos dais datos para que podamos decidir. Coged seis o siete y así podemos elegir tres, por ejemplo. Además, si esto no sale, siempre nos servirá para esa primera idea de contarles a los de clase lo de Sudáfrica ¿Os parece bien que nos veamos el sábado por la mañana? Casandra se había salido con la suya.

*****

    Durante los días de clase nos íbamos poniendo al corriente. La verdad es que a algunos de los padres les pareció una idea muy rara; pero al profe, que nos pilló en uno de los recreos y le tuvimos que contar lo que habíamos pensado, nos dijo que era muy buena idea. Que él nos ayudaría y que le mantuviésemos informado.

    El sábado nos reunimos en mi casa porque mi tía me dijo que vendría a vernos. Cuando se lo dije por teléfono se entusiasmó y me prometió que nos traería folletos y cosas de Manos Unidas, que es donde ella colaboraba.

    Cuando estuvimos todos, el sábado por la mañana, Casandra comenzó a preguntar.

    -A ver Alfonso e Inal. ¿Qué habéis encontrado?

    -Nosotros nos hemos repartido los deberes -empezó Alfonso. -Yo he traído información de Sudáfrica, Tanzania y Egipto. Inal ha recogido de Marruecos, Congo y Madagascar.

    -Pensamos en coger cada uno dos del norte, dos del centro y dos del sur -intervino Inal. -Por aquello de elegir. Como es un continente tan grande, con tantas razas, climas, religiones y eso. Así tendríamos también una vista de lo diferentes que son entre ellos.

    -Entonces tenemos que escoger entre Marruecos o Egipto, Tanzania o Congo y Sudáfrica o Madagascar -apunté viendo el mapa que nos habían puesto en la mesa.

    -Podemos votar -dijo Egrid. -Yo quiero Tanzania, que tiene que ser muy chulo.

    -Un momento -interrumpió Casandra a Julio que ya estaba defendiendo al Congo porque el nombre le gustaba y por enfadar a Egrid. -Antes de eso que nos cuenten un poco ellos lo que tienen y vemos qué nos dicen los demás. Porque igual es más fácil contactar con unos sitios u otros y ya no tenemos que elegir.

    -Es verdad -dije. -Mi tía me ha traído un montón de cosas de Tanzania. Me ha dicho que allí tienen varios programas de educación y no sé cuantas cosas más. Que puede ponerse en contacto con algún cooperante que esté en alguna aldea.

    -Vale -me apoyó Egrid encantada- pues el Congo lo tacho.

    -Entonces nos quedamos con Marruecos -saltó Julio. -El cura, que ha estado muy majo, me ha dicho que Caritas tiene sedes en Tánger y Rabat. Y que un compañero suyo del seminario está allí en un centro educativo para niños disminuidos psíquicos.

    -Pero eso son ciudades grandes -dijo Inal -y queríamos pueblos pequeños.

    -No creo que sea un problema -intervino Casandra. -Seguro que a alguien de la ciudad le costaría poco hablar con los profes de aquí.

    -Sí, eso es verdad -cedió Egrid. -Marruecos y Tanzania. ¿Y del sur?

    -Yo sigo con la idea de Sudáfrica, por lo del fútbol -dije. -Como estarán con tanto periodista y eso es fácil que nos hagan caso.

    -Bueno. Egrid y yo le dimos muchas vueltas a qué preguntarles y, la verdad, se nos hizo muy complicado. Sobre todo porque al no saber mucho de cómo viven, pues eso. Así que se nos ocurrió proponerles dos cosas.

    -Fue idea de Cas -acusó Egrid por justificarse.

    -Vale. Se me ocurrió. Egrid no estuvo del todo de acuerdo pero me ayudó a hacerlo cuando la convencí. Os cuento. Se trata de que algún niño de cada país nos escriba un diario de lo que hacen una semana normal y, entre todos los de clase, nos hablen de su pueblo y hagan un calendario explicándonos cuando y cómo son sus fiestas, con dibujos o lo que quieran, para ver sus casas, los trajes y eso. Como lo que hicimos nosotros en tercero con los compas de otros países. ¿Qué os parece?

    -Joroba ¡Qué buena idea! -dijo Alfonso. -Pero es una currada. A mí no me parece bien ponerles deberes a los niños.

    -Ya. Además seguro que al profe se le ocurre que lo hagamos nosotros también para mandárselo. Y yo paso de que nos metan más deberes.

    -Hombre -dijo Casandra-. -Míralo por este lado. Si estamos una semana haciendo eso igual nos libramos de algún ejercicio de cono.

    -¿Con Francisco? Ni en broma. Aunque si dicen algo podríamos proponerlo como tema para la semana cultural -sugerí. -Así matamos dos pájaros de un tiro.

    -¡Buena idea! -saltaron a la vez Egrid y Julio, de acuerdo por fin en algo-. Y encima nuestra clase seguro que queda la mejor del cole.

    -Ya, ya -siguió Alfonso a lo suyo-. Hemos resuelto nuestro problema. Pero sigo diciendo que les hacemos trabajar para que nosotros tengamos nuestro trabajo y buena nota. No sé, no me quedo tranquilo. Me parece tener mucha cara.

    Todos nos quedamos muy pensativos un rato no se nos ocurría nada. Y en el fondo Julio tenía razón.

    -¿Y si les hicierais algún regalo?- terció mi tía desde el salón. -Perdonadme; pero os estaba oyendo. Estaba esperando a ver qué decidíais para hablar con vosotros. Tenéis que pensar que vosotros sois unos privilegiados. Muchos niños en África sólo tienen una pizarra para dar las clases. Ni tablets, ni proyectores. Ni libros muchas veces. Y eso cuando hay escuela. Muchas veces no tienen ni juguetes.

    Nos dejó muy asombrados. Algo habíamos oído. Pero cuando nos enseñó las fotos de una escuela de Tanzania donde había estado un verano vimos cómo estaban los niños y fue impresionante.

    -Pues sí. Les podíamos mandar algo en compensación -dijo Alfonso.

    -Jo. ¿Os imagináis si les consiguiéramos un balón firmado por la selección? Sería la bomba.

    -No sé -dijo Inal. -A nosotros nos haría ilusión, pero a ellos. No tengo claro que un balón les saque de apuros.

    -Es verdad, Inal -dijo mi tía. -Pero muchas veces el gesto es lo que importa. Además, si lo movemos en los sitios adecuados podemos hacer que mucha gente se fije en el problema y se decida a ayudar.

    -Ya, como cuando los famosos apoyan alguna cosa. ¿Y de donde sacamos nosotros un balón firmado por la selección?

    -Bueno -dijo Egrid-, y si no sale podemos pensar en otras cosas. Como el mercadillo solidario que hacen en el pueblo.

    -Decidido entonces -terminó Casandra. -Vamos a repartirnos las tareas. Julio sigue el tema con el cura para lo de Marruecos y Jaime con Tanzania. Egrid y yo le daremos forma a lo que queremos para presentárselo a Francisco. Y lo difícil para Inal y Alfonso, porque con Sudáfrica no tenemos nada y tendrán que trabajarse lo de la selección.

    -¡Corcho! Con lo que me gusta a mí el fútbol -dijo ella.

    -Ya -rió Alfonso. -Para eso tu padre es el presidente del equipo del pueblo.

    Faltaba poco para Navidad y las cosas parecían ir fenomenal. Mi tía nos dio la dirección de correo electrónico de un cooperante que estaba de enfermero con un médico en Tanzania y en seguida nos dijo que sí, que le parecía estupendo. Sobre todo porque Francisco nos dijo que teníamos que preparar lo mismo que les pedíamos. A los compis no les hizo mucha gracia tener que trabajar tanto. Pero la idea de la Semana Cultural funcionó y eso salvó un poco las cosas. Con Marruecos tampoco tuvimos problema, porque el cura habló con el obispo y con el director de Caritas. Nos faltaba Sudáfrica. Se solucionó gracias a Francisco, el profe, que se le ocurrió mandar una carta a la embajada de Sudáfrica, nos pusieron en contacto con un pequeño colegio cerca de Ciudad del Cabo, que aceptaron la idea con entusiasmo.

    Menos mal que no les habíamos dicho nada de regalos, porque lo de los balones de la selección se complicaba. El padre de Inal habló con la federación y no le habían respondido nada en concreto. Decían que estaban muy liados con lo del mundial, que la empresa de los balones no los tenía aún, que si serían muy caros, que había que hablar con los equipos y todo eso. Volvimos a reunirnos.

    -Bueno, empezó Inal. -Mi padre les ha vuelto a escribir; pero no nos hacen mucho caso. No sé si lograremos algo.

    -Pues nada. -Egrid estaba muy enfadada-. Volvemos a la idea del rastrillo, que les hace más falta. Juntamos alimentos, libros, ropa y juguetes y se los mandamos.

    -Sí, los de Manos Unidas me han dicho que envían todas las primaveras material que necesitan, así que podrían llevarlo -intervine.

    -Y los de Caritas no paran de pedir para el tercer mundo. Así que no creo que se quejen -aseguró Julio.

    Llegó la semana Santa y nuestra Semana Cultural. Los de sexto hicimos un mural con las fiestas del año y, por grupos, les contamos cómo era nuestra vida: estudios, el trabajo de nuestros padres, nuestras casas y todo eso. Quedó muy bien y lo mandamos por correo. Estábamos muy nerviosos esperando que nos llegasen los suyos. Y cuando lo hicieron fue tremendo. La verdad es que se lo habían currado mucho. Aprendimos cómo viven, en qué trabajan y con qué sueñan los niños de aquellos países. Las cosas que necesitan y que, aún así, pueden ser felices sin tener mucho de lo que nosotros tenemos. Nos gustó mucho y a Francisco se le ocurrió que podríamos enviar a cada uno los trabajos de los otros, de modo que también se conociesen entre ellos. Aprovechamos para hacer un mercadillo benéfico y todo el pueblo colaboró. Sacamos dinero y preparamos lotes de material escolar que enviamos a través de Caritas y Manos Unidas. Pues a ellos les hacía más falta que a los de Sudáfrica.

    Pero la sorpresa llegó poco antes de las vacaciones. El padre de Inal recibió una carta en la que le decían que todos los jugadores habían firmado cuatro balones, tres para que los enviásemos y uno para nosotros. ¡Bien! Los dos envíos estaban ahora completos y teníamos algo que mandar a Sudáfrica que, seguro, les haría ilusión.

    Fue un día grande en el pueblo. Vinieron muchos periodistas y alcaldes de la zona, porque el que nos traía los balones era nada menos que David Villa. Todo el mundo quería que le firmara un autógrafo y que les sacaran una foto juntos. El polideportivo se quedó pequeño de la gente que había. Todos estaban muy contentos. Comenzaron los discursos y fue un poco rollo. Luego mejoró, cuando mi tía y el presidente de su O.N.G., y el cura y el responsable de Caritas recibieron lo que habíamos preparado. Nos dio vergüenza cuando dijeron nuestros nombres y afirmaron que la iniciativa había sido muy bonita. Y dijeron que éramos un ejemplo. Luego Villa nos saludó uno a uno. ¡Egrid hasta le dio un beso!  Sobre todo porque dijo que, aunque no había podido venir, el embajador de Sudáfrica le había dado algo para nosotros. ¡Teníamos unos billetes de avión para que fuésemos en persona a conocer a nuestros nuevos amigos!

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