Infección

      Un nuevo reporte ha llegado hasta la Pirámide central de Sequo Primus. El virus que asola la galaxia sigue extendiéndose de modo inexorable. Aquí, donde se centralizan los esfuerzos en la lucha contra esa infección aún estamos a salvo. Pero todos sabemos que no será para siempre. Debemos encontrar una cura, una vacuna, un remedio. Algo que, al menos, frene el avance de la plaga que desde hace tres siglos asola planeta tras planeta, enclave tras enclave, ciudadano tras ciudadano. Ya nos hemos enfrentado a situaciones similares durante los milenios de historia de nuestra civilización. Nuestros avances nos han permitido expandirnos por innumerables mundos. Hemos superado la enfermedad y, si bien la muerte aparece como una barrera insalvable, ésta está cada vez más lejana y llegamos a ella en un estado cercano a la plenitud. Pero esto…

      Nuestros esfuerzos por identificar la fuente no dan resultados fiables. Las pruebas practicadas a los pocos que escaparon de los lugares infectados, incluso los de los que más tiempo han pasado expuestos, son infructuosas. Nada les aqueja. No es un nutriente -la variedad de casos sin elementos comunes lo confirma-, no es ambiental -los ecosistemas afectados también son dispares- ni genético -no hemos observado alteraciones en los individuos ni antes ni después de desvanecerse-. En definitiva, no tenemos apenas nada. Las reuniones que el equipo científico mantenemos todas las mañanas son poco más que una jaula de grillos, llenas de extrañas teorías, o, las más de las veces, el momento de exteriorizar por los más diversos métodos el sentimiento dominante: la frustración.

      Neria Olander repitió de nuevo los análisis. No tenía grandes esperanzas; pero, al fin y al cabo, tampoco se le ocurría nada mejor que hacer. Mientras esperaba los resultados (tardarían unas horas) decidió tomar un baño de ultravioletas en el solárium del estrato superior. Se dejó llevar mientras el benéfico calor la invadía y la sumergía en un estado próximo al completo abandono. Estaba disfrutando como hacía meses. Posiblemente el agotamiento debido al exceso de actividad y a la presión del Círculo Interno para que obtuvieran respuestas la había estresado demasiado. Y en esas condiciones no era fácil dar con una chispa de genialidad. Siguiendo ese curso de pensamiento comunicó con su amiga Apis Mellifer para repasar los informes que, como agente activo, había recogido en Semenic, tercer planeta del sistema Carasului. Fue uno de los primeros mundos afectados y donde la infección se había mostrado más explosiva. Apenas veinte años bastaron para que Semenic se tornara inhabitable. Se reunieron junto a un estanque y Neria tuvo que frenar a Apis, que de inmediato quiso referirse al tema.

      -No, Apis. No deseo hablar de la epidemia. Al menos no de modo directo. Creo que llevamos demasiado tiempo obsesionados con ella, aunque sea comprensible, y eso nos impide pensar de modo creativo.

      -Bueno -Apis estaba muy nerviosa, como siempre, y no paraba de revolotearle alrededor-. ¿De qué quieres hablar entonces?

      -No sé. Yo nunca he salido de Sequo Primus y apenas conozco otros pocos mundos donde mi familia está presente. Tú sí que has viajado. Cuéntame como son, qué has visto.

      Apis le relató algunas de sus misiones. De joven, como cadete, se encargaba de la transformación de especies, seleccionando variedades y reforzando sus características. Cuando se graduó, le encargaron tareas más importantes, como el análisis de entornos para posibles colonizaciones. Sus últimos trabajos, antes de que todos los esfuerzos se centrasen en la plaga, eran alto secreto.

      -Tranquila. Ya sabes que tengo la máxima acreditación de seguridad.

      -No, no es eso. Es que en ocasiones me entran dudas sobre la moralidad de lo que me mandaban hacer.

      -No tienes porqué contármelo; pero sabes que puedo acceder a esos bancos de memoria.

      -Si quieres las versiones oficiales…

      -Preferiría la información de primera mano, desde luego. Mas respetaré tu silencio.

      -En fin -Apis seguía dudando, como si le costase decidir a si sincerarse o no-. La verdad, no creo que a estas alturas importe lo más mínimo. Bien, bien. De acuerdo. En mis últimas misiones nos enviaron a modificar especies autóctonas para poder obtener nuevas líneas genéticas y enriquecer el acervo transplanetario. El proyecto quería explorar las posibilidades de cara a un posible estancamiento endogámico de nuestra civilización. Todo respondía a una elucubración teórica del famoso Querco Ilexa, como sabes indiscutible dentro de la élite. Se llevaron a cabo una serie de experimentos y, como ninguno prosperó adecuadamente, cerraron el programa y archivaron los informes.

      -¿Sabes dónde se llevaron a cabo los trabajos de campo?

      -Podría darte una lista, sí.

      -Mándamela al laboratorio, por favor. Puede que hayamos dado con algo. Te mantengo informada -le pidió mientras, excitadísima, comenzaba a madurar una idea.

      De vuelta en el laboratorio Neria comunicó con un amigo del archivo astronómico, Arane Diademat, al que había alojado en su casa en más de una ocasión. Le pidió que le enviara un mapa secuenciado del desarrollo de la infección. Con él en su poder, Neria no pudo sacar conclusiones claras. En los primeros estadios parecía mantener un esquema radial; pero enseguida se volvía prácticamente aleatorio y la velocidad de contagio aumentaba de modo exponencial a partir de un determinado momento. Volvió a repasarlo. ¿Porqué ese cambio en la velocidad y la ruptura del diseño?  Vio la señal de un documento nuevo: la lista Apis. Introdujo los nombres y, casi por casualidad, superpuso los nombres en el mapa de Arane… Eureka.

      Hace trescientos años

      … Dentro de diez minutos conectaremos con la sala de prensa de la sede de Naciones Unidas en Nueva York, donde está prevista la comparecencia del presidente de los Estados Unidos. Si bien el motivo se ha mantenido en estricto secreto, fuentes cercanas a la Casa Blanca han hecho circular el rumor de que el presidente va a hacer un anuncio histórico…

      “Ciudadanos del mundo. Hace casi doscientos cincuenta años tres hombres iniciaron un camino. Hablo de Yuri Gagarin, el primer cosmonauta; de Neil Armstrong, el primer hombre en pisar un cuerpo estelar ajeno a la tierra, y John F. Kennedy, aquel presidente que tomó la decisión y quien, gracias a su empeño personal, hizo posible la hazaña. Ese camino ha sufrido altibajos; pero la mirada del ser humano, desde su despertar a la inteligencia, ha estado puesta en las estrellas. Primero con temor, asombro y reverencia, como corresponde al lugar donde moran los dioses. Después con inquietud científica, como el insondable entorno que debíamos comprender. Desde Kennedy, como un objetivo a alcanzar.

      Hoy, estoy en condiciones de afirmar que la humanidad ha roto una nueva barrera. La nave Enterprise se ha posado sin daños en Gliese 832-c, y los datos recibidos indican una absoluta idoneidad para la vida. Dieciséis años luz nos separan de ese mundo; pero ya no son una distancia infranqueable. La Enterprise nos ha marcado el rumbo. Ahora, nuestra especie posee los medios para colonizar la galaxia. Citando a Kennedy, elegimos esta meta no porque sea fácil, sino porque es difícil… Porque esta meta, servirá para organizar y probar lo mejor de nuestras energías y habilidades… Yo os digo que elegimos nuestra nueva meta por una razón bien distinta: porque lo necesitamos. La Tierra agoniza y se nos da una oportunidad para seguir adelante. Que Dios nos guíe.”

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