16 Añitos

      Era lunes o, lo que es lo mismo, ¡un asco! Sobre todo éste lunes. Javi había recibido visita el fin de semana de su primo favorito, también Javier, que si bien era unos años mayor, siete, era con el que mejor conectaba. Se entendían de maravilla y, para desesperación de la madre-tía de los Javieres, tenían aficiones comunes. Y el primo Javi era la oveja negra de la familia. Afortunadamente aparecía poco por el pueblo, siempre de acá para allá con sus locuras. Pero este fin de semana necesitaba un “retiro espiritual”. Entonces era cuando se acordaba de su tíita, todo zalamería y sonrisas. Bueno, al menos ni fumaba porros ni se emborrachaba, como muchos otros de veintitantos. Y al joven Javier le venía bien salir de los libros y el ordenador. El otro que se alegraba era Rocky, el pastor belga de la familia, que en cuanto lo veía ponía su rabo como un metrónomo en modo “prestíssimo”. Los tres daban largos paseos y hablaban. ¡Dios sabrá de qué! No sabía qué pensar, pero como a su hijo se le veía contento y no parecía una mala influencia.

      Pero era lunes. A Javier no le gustaba el instituto, aunque a ningún chaval de dieciséis le hacía gracia. Enfrascado en su emepetrés, con los cascos bien encajados en las orejas, se dirigió a las ocho hacia las afueras, donde se encontraba el centro escolar. Apenas saludó con un cabezazo a los diferentes grupos con los que se cruzó, aunque educados “buenos días” fueron dichos cuando eran adultos. No costaba nada y mejoraba su lugar en el pueblo. Y en casa. Conforme andaba, fue subiendo sin darse cuenta la voz:

      -Ta ta tá, ta, ta, ta, ta, ta ta tá, ta ta tá ta ta ta ta ta ta tá -iba tarareando mientras anotaba en una libreta, dibujando rayas para arriba y abajo siguiendo las sílabas.

      -Mira que es raro -dijo por lo bajo una de las compañeras de clase a la entrada del patio-. Ni siquiera es capaz de aprenderse la letra.

      -¡Y eso que se la escribe! -grito otra provocando un coro de risas.

      Javier no las oyó. Se quedó esperando fuera hasta que la aguda sirena se impuso a lo que sonaba en los auriculares. Apagó y recogió su reproductor (no estaban permitidos) y, pese a la distancia que le separaba del aula, fue de los primeros en llegar. Se sentó en su pupitre, junto a la puerta; sacó un cuaderno, y, mientras llegaba la profesora, se puso a trabajar en su pequeña libreta, regla y bolígrafo en mano. Un golpecito en su nuca le hizo volverse con cara de desdén, al tiempo que se quitaba un papelito mojado del pelo. ¡Pronto empezamos hoy!, pensó, sabiendo que Pedro, el matón de clase, le había vuelto a hacer blanco de sus bromas.

      -Mirad -dijo el cabecilla con bravuconería-. Al raro le gusta que le machaquen. -La corte de aduladores le rió la gracia.

      Al menos no me ignoran. Algo hemos mejorado. Se sonrió con ironía, lo que no fue muy bien interpretado por su compañero.

      -Habrá que enseñarle lo que es un hombre cualquier tarde de estas -los nudillos crujieron acentuando la amenaza.

      -¿Tienes internet en casa? -le preguntó Javi burlón-. Así puedes buscar la definición de hombre, un profesor que te la explique y luego, si eres capaz de retenerla, me la cuentas y te corrijo.

      Pedro iba a contestar; pero el “Buenos días chicos” de Laura, la profesora de lengua y literatura españolas, que también les daba Taller de lengua, cortó el tema de inmediato. Había calculado bien.

      -Como en mi otra asignatura tenemos que iniciar la poesía barroca he preparado algo para predisponeros al tema -continuó Laura cuando los ruidos se acallaron-. Sí, sí, ya lo sé -las protestas y alguna gracia habían sido inmediatas-. Por eso quiero aprovechar esta hora para demostraros que la poesía no es la ñoñería que los machotes pensáis ni está tan lejos de vuestra “cultura”. No me miréis así. Os pondré un ejemplo.

      Laura recitó:

“Nadie puede guardar toda el agua del mar en un vaso de cristal.

¿Cuántas gotas tienes que dejar caer
hasta ver la marea crecer?
¿Cuántas veces te ha hecho sonreír?
Ésta no es manera de vivir
¿Cuántas lágrimas puedes guardar

en tu vaso de cristal?
Si tienes miedo, si estás sufriendo.
Tienes que gritar y salir, salir corriendo”

      -¿Un rollo, verdad? A ver qué os parece ahora. -Dio un toque en el portátil que tenía sobre la mesa y “Salir corriendo”, de “Amaral” sonó por el altavoz de la clase-. Ahora os gusta más, ¿no?

      La clase continuó con otros ejemplos, como Serrat cantando a Machado o varias versiones sobre poemas de Bequer y Neruda. Hablaron de poesía y de cómo expresar sentimientos.

      Un par de semanas después, en uno de los recreos, Pedro y su grupo se acercaron donde estaba Javi.

      -¿Así que “los valientes son los que saben llorar”? ¿”Dieciséis añitos, fiera”? ¡Nenaza! -le dijo bien alto leyendo algo-. Yo te enseñaré lo que es ser fuerte y valiente, gallinita. ¿Pues no nos ha salido poeta la fierecilla? Ta, ta, ta, ta, tartaja.

      A Javi le cambió la cara. Esa tenía que ser su libreta. Era lo que había estado escribiendo él. Se escabulló entre las chanzas de los chicos y las risitas de los grupos de chicas y fue hasta su mochila. ¡Menos mal! El cuaderno estaba en su sitio, así que… Se lo habían cogido y copiado. Le preguntó al conserje, con el que se llevaba muy bien, y éste le confirmó que Pedro había fotocopiado sus notas. Casi se sintió orgulloso de haberle hecho gastar unos céntimos para meterse con él. Pero iba a ser duro, lo sabía. Las burlas estaban aseguradas. Esa misma noche llamó a su primo y se lo contó. Tenía que hacerlo, pues no era algo que le afectase solo a él. Su familiar le tranquilizó.

      -No te preocupes, no pasa nada. De hecho, casi mejor así -le comentó misterioso-. Por cierto, a lo que importa. Nos veremos para las fiestas… entonces hablamos.

      -¡Bien! ¿Seguro que vienes? ¿Puedo pedirte un favor?

      -Dime

      -Verás. Se ha anunciado que viene “El canto del Loco” y no puedo pillar las entradas aquí hasta el mismo día. Y como mi padre no me deja comprarlas por internet. ¿Puedes conseguirme una entrada, bueno, si vienes tú, dos, y yo te las pago?

      -No hay problema. Gracias por la invitación; pero voy a ir con gente y no quiero sangrarte, primo rico -rió-. Yo me encargo de las entradas… Aunque no podremos ir juntos, pues estaré con estos amigos que te digo. Y del dinero. Ya hablaremos.

      -Estupendo. Nos vemos a primeros del mes que viene.

      El pabellón estaba a reventar de gente, sobre todo muchachos muy nerviosos y padres vigilantes, cerca de las barras portátiles. No solían ir grupos de moda a tocar en un pueblo tan pequeño; pero el nuevo concejal de cultura lo había conseguido. La excitación entre los chavales era mucha. Estaban cantando “Volverá” y casi se oía más al público que al cantante. “Son sueños” llevó el clima hacia algo más tranquilo. Todo el mundo botaba y saltaba coreando los estribillos. Entonces el cantante hizo una seña al grupo y paró la música.

      -Hola a todos -y dirigió el micrófono al público.

      -Hoooooooooooooooooooooolaaaaaaaaa -le respondieron.

      -Estamos encantados de estar con vosotros y, aunque no os lo creáis, nos gustan estos conciertos íntimos. La culpa es de Javier Romero, nuestro compositor, que es oriundo de aquí, el culpable de lo que vosotros tarareáis. Bueno. Voy a empezar carrera en solitario y, a veces, es bueno echar la vista atrás. Yo también tuve dieciséis años y, como dice mi amigo Fito, no era diferente, era raro. Preferí seguir siendo yo mismo. Va por ti, Javi. Porque pronto averigüés quién eres.

      El grupo comenzó a tocar y varias caras fueron cambiando sucesivamente. La sorpresa se pintó en muchas, la vergüenza en alguna. Conforme la balada sonaba, los alumnos del instituto se miraron entre sí, incrédulos. En sus bocas hubiese cabido un elefante haciendo yoga.

16 añitos fiera
me creía el rey del mundo
con mi lema por bandera
lo que digan yo no escucho

No había nadie que pudiera lograr
que cambiara un poco el rumbo
con mi idea la primera
y que no agobiaran mucho

      Uno de los asistentes quería morirse; pero desde el ”backstage” su primo Javier y varios de los acompañantes del grupo se le acercaron, rodeándole. Un foco les apuntó.

-¿Qué? A veces merece la pena ser el rarito, no dejarse llevar por lo más fácil, ¿eh? -Se fundieron en un abrazo, sin esconder las lágrimas, emocionados.

Y así fue
me revelé contra todo hasta el sol
viviendo entonces una distorsión
y me enfadé con el mundo
malditos complejos que siempre sacan lo peor.

Pensé “en la fuerza estará lo mejor”
me disfrace de uno que no era yo
buscando esa firmeza
llegué a un lugar negro
pensé que eso era el valor

Y sufrí de tal manera
por dejar de ser quien era
por pensar que ser cobarde
era ser lo que creyera.

Los valientes son los que son de verdad
ni los fuertes ni sus guerras
los valientes los que saben llorar
con la cara descubierta
16 añitos fiera

 

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