Tropas del espacio – Robert A. Heinlein

Sin título-1

Título original: Starship Troopers

© 1959, por Robert A. Heinlein

       Mirad la fecha. Desde luego se trata de un clásico, que yo conocí, allá por 1980 ó 1981, gracias a la biblioteca del padre de un amigo, a la que me referiré en abundantes ocasiones y descubriréis que fue una importante reserva de referentes para mi enriquecimiento cultural, nunca suficientemente agradecida.

       Un clásico, insisto, que no me canso de releer ni siquiera tras la serie de bodrios que llevaron el título y algunos detalles accesorios a la gran pantalla, de la mano de Paul Verhoeven en 1997. Hubo un par de secuelas (Tippett, 2004 y Neumeier, 2008) y un tercer desvarío, este directo a DVD en occidente aunque se estrena en oriente (Japón, 2012), cada una de recuerdo más infausto que la anterior. Se utilizan la reseña y el título para reinventarse la historia, más allá incluso de las licencias que permite el cambio de medio. Las películas pueden resultar entretenidas; pero tienen poco que ver con el libro del que se supone que parten.

       El libro nos habla de la vida cotidiana de un soldado de la Infantería Móvil. Nos describe desde su ingreso en el cuerpo hasta su graduación como oficial. A partir de esta línea estructural básica, Heinlein construye no sólo un entorno sociopolítico, sino que aborda, con diferentes grados de profundidad, desde cuestiones éticas hasta la estructura del ejército, avances científicos o las relaciones intergeneracionales.

       Hay una primera reflexión que abordar ineludiblemente. Se ha acusado de fascista a Heinlein por este libro. Y, si bien las tesis del autor no lo sitúan precisamente a la izquierda del espectro, tampoco estoy de acuerdo con esa demonización. Debemos tener en cuenta que los Estados Unidos de América se encuentran en un momento de plena afirmación como potencia mundial. Recién salidos de la II Guerra mundial, inmersos en la guerra fría con la Unión Soviética, a punto de romper hostilidades con Vietnam del Norte,… En pleno proceso de autoafirmación patriótica, lo que, conociéndolos, –si se me permite el tópico– se traduce en barbacoas de himno, bandera y “Yankee Doodle”. Y ahí encaja la loa al sargento, uno de los leitmotiv del libro, como pieza clave en la estructura del ejército estadounidense.

       Como dije en la presentación, quiero hablar de aquellos conceptos del libro que han captado mi interés a lo largo de las lecturas.

       Destaca la cuestión de la ciudadanía. Si hay una decisión libre al cumplir la mayoría de edad es la de enrolarse. Ese es un derecho que nadie puede conculcar. Cierto que el gobierno se empeña por todos los medios en evitar que sea ejercido, desde los mutilados veteranos destinados en el centro de reclutamiento hasta la controlada presión del campo de entrenamiento, pasando por la certeza de que nadie perseguirá a un desertor, serás un fugitivo pero, salvo que obligues a la administración a fijarse en ti, no moverá un dedo por hacerte cumplir tu juramento. Y esto en una sociedad en la que posiblemente se viva mejor fuera que dentro del ejército. Surge así un planteamiento básico: sólo poseen plenos derechos políticos los veteranos, aquellos que han servido en el ejército y demostrado su capacidad de entrega y sacrificio. Dos cosas le alejan claramente del fascismo. Se refiere sólo a los derechos de participación política, no al resto de derechos, que se garantizan para todos los ciudadanos, y sólo a los veteranos, los militares tampoco detentan ese derecho.

       Respecto al desarrollo tecnológico implícito a la ciencia-ficción, con independencia de la exaltación de los sargentos y del cuerpo de infantería, Heinlein aboga por un ejército reducido, muy profesional y con efectivos altamente cualificados, en el que todos pelean. Y no olvidemos que la conscripción o recluta obligatoria pervive en los EE.UU. hasta 1973. Exoesqueletos de potenciación propios de superhéroes o la presencia continua de la psicología para explicar desde las reacciones humanas como especie hasta los sistemas de información-propaganda de la Federación y la telepatía como elemento de inteligencia hablan de futuro, de un desarrollo tecnológico y científico viable.

       Hay más cosas, como el enfrentamiento entre sexos o la justificación de los castigos físicos. Pero prefiero dejarlas para cuando leáis o recordéis esta novela. Menos de doscientas páginas que se digieren con facilidad. Gracias a una línea conductora ágil y entretenida avanzaremos a buen ritmo. Pero nos iremos dando cuenta de que, casi a traición, nos surgen dudas y planteamientos más profundos, de que muchos de los elementos que nos parecen accesorios pugnan por crear opinión en nosotros. Y eso siempre es de agradecer en una novela.

       ¡….brilla el nombre, brilla el nombre de Rodger Young!

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